Hoy es un día para que la gente esté algo embotada y soñadora. no muy bueno para los estudiantes.
Hoy, sin embargo, es un buen día como cualquier otro para decidir muchas cosas. Un gorrión se posa en mi ventana a un metro escaso de mi y me planteo, un día más, que no estoy haciendo las cosas como debería, pero eso no es lo importante. no estoy haciendo las cosas como me gusta, como me ilusionan, como disfruto de ellas.
Estamos en la sociedad hedónica, que se da todo lo que quiere, y muchas veces no lo que necesita, porque muy a menudo creemos que necesidad y consumismo son lo mismo, pero no. Necesito comer; para ello me conformaría con cualquier cosa nutritiva y que no me de alergia. Sin embargo, cuando paso por delante de una heladería me como un helado, que tiene un contenido nutricional mucho más cutre que un tomate. Pero ni siquiera hace calor, así que tengo que pensar que no necesito comer un helado: tengo hambre. y no estoy comiendo lo que mi cuerpo necesita, sino lo que tiene más chocolate, porque el color, el olor y la forma están estudiados para que yo los desee.
Y yendo más allá: si necesito el chocolate, ¿por qué un helado, si puedo comprarme una barra de chocolate del 70% de cacao, que es más barata y además me duraría más (incluso engorda menos)? Con-su-mis-mo. La publicidad, Eva Longoria o quien sea que anuncie helados este año, me dicen: "necesitas este helado para ser más hermosa y sexy", o en el caso de los chicos: "necesitas este helado para llevarte al huerto a una tía bien maciza". pero cuando abres el envoltorio del helado, sólo encuentras 400 calorías, un poquito de Carpe Diem, un placer fugaz, y el mismo hueco en la mente que más tarde llenarás con otra cosa, y luego otra.
Y lo malo no es que yo lo hago. Es que sé lo que estoy haciendo, y aún así lo hago.
Ser consciente del problema, tansólo es el primer paso. He hablado de la comida porque probablemente es con lo que más consumista soy; los otros vicios los he dejado de una manera u otra; y hablar de otros o de la población general ha dejado de llamarme la atención.
Y ahora me voy, para seguir con una de mis prácticas menos consumistas, más sanas y productivas: el Reiki.